La silla
Sentada en la silla blanca, frente a su computadora blanca que está sobre la mesa blanca, al lado de las persianas blancas, frente a la pared blanca, recuerda los colores de su hogar, y extraña los peces de colores colgados en la escalera, las figuras de madera, el árbol que hasta en invierno florea y del que nacen figuras increíbles de papel, mariposas multicolores, ranas y cosas que aquí nadie puede imaginar…
Sentada en la silla llora porque ha dejado de amar, porque ya no tiene ilusión de encontrar a alguien a sus 28 años, porque ya no es una niña y todo se lo recuerda, aunque ella siga coloreando dibujos, recortando estampas y gritando al hablar, y riendo a carcajadas y viendo el mundo de color… rosa… Aunque cante sin importarle si lo hace bien o mal, aunque juegue en la oficina, aunque no vista bien y use soquetes de niña, aunque no entienda ni le interese la política ni la bolsa, aunque le guste ir al cine a ver pelis para niños, aunque le guste jugar guitar hero, aunque se emocione con cosas simples como ver a un perro, como ver el cielo, como escuchar las campanas que la despiertan por la mañana, y saltar en los charcos que deja la lluvia y contemplar… contemplar los ojos de alguien a quien ella quisiera regalarle entero el corazón.
Ya no ama, ahora sólo entrega la piel y no sabe por qué, ya no ama porque sabe que nadie la amará, porque sabe que de nada sirve dar el corazón, pero al mismo tiempo pide que le digas que la quieres, que todo estará bien, que la vas a cuidar, y lo pide porque sabe que si no lo pide no se lo dirán, y eso es tan triste, porque va en contra de lo que siempre pensó: en el amor uno nunca espera a que le pidan, siempre se da…
Sentada en la silla imagina la mesa con manteles de colores, los platos de navidad, la compañía única de su madre, la comida caliente, el calor del hogar, y recuerda que ella tiene una casa, y una familia que la quiere como nunca la querrán, y un gato que la espera siempre, y añora, añora regresar…
Sentada en la silla escucha la tormenta y el agua moja su cara con gotas de sal… Luego se regaña y se dice que tiene que madurar, que la felicidad como un día le explicaron, no es perenne.